Con 32 años y nunca ha tenido un orgasmo…

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Pregunta: Soy una mujer de 32 años que aún no sabe lo que es un orgasmo, y esto me hace sentir la mujer más incompleta de la vida. Escucho a mis amigas cómo hablan de forma abierta de lo bien que la pasaron en la cama, veo películas y solo pienso en por qué yo no puedo lograr sentir todo eso. Me siento dañada y lo peor es que mi pareja no sospecha nada, pues en estos dos años que tenemos juntos siempre le hago creer que quedo satisfecha. Cabe aclarar que él es mi segunda pareja en toda mi vida sexual. La primera fue a los 23 y fue mi novio de 6 años y era muy rico, me llegó a excitar muchísimo pero nunca logre sentir más de ahí. Ahora con mi novio actual ni siquiera cosquillas siento. ¿Me siento triste, qué debo hacer?

Respuesta: La anorgasmia o falta de orgasmo es una disfunción sexual femenina bastante común.

Existen dos tipos de anorgasmia, la primaria, en la cual la mujer nunca ha sentido un orgasmo, y la secundaria es aquella donde la mujer sí ha tenido orgasmo, pero en un momento preciso dejó de sentirlos.

Una de las razones principales por la que la mujer no alcanza su orgasmo es que se nos negó por muchos años el derecho a descubrir nuestro placer, por lo que la mayoría nunca nos hemos tocado nuestros genitales, ni siquiera muchas se han atrevido a tomar un espejo para observárselo, como forma de exploración. A esto, le sumaríamos el hecho de que no nos hablan sobre sexualidad cuando somos pequeños, y vamos a la intimidad con la cabeza llena de expectativas, creadas por las películas que te hacen ver que hacer el amor es una explosión única de gozo y satisfacción.

Y no digo que no sea posible, pero requiere de reconocerte, aprender a darte cuenta cuáles son aquellas cosas que te provocan sensaciones gratas, como aquellas que simplemente dañan el momento.

Cada mujer tiene derecho a reconocer y explorar su cuerpo, pues es la única forma de conectarte con el placer y sentir esa conexión que te llevará a lograr tu orgasmo. ¡Claro! No debemos olvidar las creencias impuestas por la familia, la iglesia, la sociedad… que muchas veces bloquean el proceso educacional y por eso, siempre es bueno hacerse acompañar de un sexólogo certificado.

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