Celulares en las aulas no ahí no.

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De las modas que han alcanzado un contagio general se encuentra la de los niños que llevan celulares a sus escuelas o colegios, usándolos sin mayores restricciones.

Siendo un aparato útil en esta etapa de comunicaciones globales, los celulares inteligentes sirven para muchos usos, hasta para entretener a un alumno en horas de clases.

Las frecuentes imágenes de videos o fotos de las reyertas o los eventos pornográfi cos que se escenifi can dentro de las aulas o en un recinto estudiantil, confi rman que el uso de estos aparatos, entre alumnos, no está del todo regulado.

Eso puede dar lugar a distracciones, a desenfoques de los alumnos en la atención que deberían prestar a los maestros, o a promover el “chateo” entre sus compañeros, además de fi lmar o fotografi ar situaciones complicadas.

Hay que prestarle atención a este fenómeno, porque también estos aparatos sirven como canales que proveen videojuegos, videoconferencias y amplio acceso a lugares nocivos del ciberespacio, totalmente contraproducentes en un ambiente de clases que exige la mayor disciplina.

Tomando en cuenta el efecto concentrador y absorbente que producen estos teléfonos inteligentes entre los usuarios más “fi ebruses”, en muchas empresas se regula o se proscribe su uso en horas laborables, en reuniones de gabinetes, en las áreas de caja de los bancos, en cinematógrafos o en zonas de seguridad.

Incluso en exclusivos restaurantes de grandes metrópolis se prohíbe el uso mientras los comensales se encuentran dentro.

Los colegios y escuelas dominicanas, expuestos a muchas vulnerabilidades, deberían refl exionar sobre el efecto de distracción que pudieran causar los celulares de sus alumnos dentro de las aulas, y solo autorizarlos en horarios fuera de clase, que el mundo no se va a acabar por tan simple medida regulatoria y preventiva.

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